Un imponente templo se nos presenta ante
nuestros ojos, nos retrotrae a la época barroca de la ciudad Hispalense. Nos hace reflexionar sobre cómo sería
todo lo que vemos a mediados del siglo XVIII. Un templo que, al atravesar su dintel,
nos sorprende con cinco naves separadas por unas columnas de mármol rojo pero
no podemos apartar la mirada de Ella. Cinco lágrimas recorren su bella cara y
nosotros nos vemos en la obligación, como hijos, de acunar su pena. Que no queremos verla llorar, que nuestro
corazón no puede verla sufrir.
Ella nos mira, imponente, desde su altar
donde recogerá en su manto todas y cada una de nuestras peticiones, nuestros
ruegos, nuestros agradecimientos. Todo aquello que queramos contarle. Tal y
como lo hace una Madre.
El olor a incienso tan característico de
esta Hermandad de Martes Santo nos envuelve mientras nos acercamos a besar su
Bendita Mano.
Si no tuvieron oportunidad de ir o
quieren rememorar aquellos bellos momentos, prendan una pastillita de carbón,
quemen incienso y se verán transportados a su vera mientras admiran esta
galería fotográfica.













