¿Qué más podemos pedir?
¿Ella? Arropada con un manto negro
bordado con hilo de oro sosteniendo un pañuelo de dolor.
¿Tú? Cuerpo sin vida, vejado y
maltratado. Clavos que perforan tus pies y manos y que te unen a la cruz hasta
el momento de tu resurrección.
¿Ella? Puñal de oro clavado hasta el
corazón. Lágrimas de pesar que jamás tendrán consuelo.
¿Y nosotros? Bueno, nosotros acudimos
como cada Cuaresma a contemplaros para hacernos más llevadera la espera y por
qué no decirlo, confesaros nuestras alegrías y penas.
Si no pudieron acercarse en estos días al
Besamano y Besapié de Madre e Hijo, déjenos mostrárselo a través de esta
galería fotográfica.
Disfruten.