Qué manos tuvo Lastrucci para tallar tu
semblante y que cada vez que lo admiramos, un pellizquito nos coge el alma,
Padre. Nos aguardas con una túnica morada,
anudado a tu cintura, un cíngulo te rodea. No hay más sencillez que la que Tú
profesas. Tras de Ti, una cruz de carey, presagio
del futuro al que fuiste condenado. A tu izquierda, el dolor de una Madre que
enjuga unas lágrimas de pesar.
Con tus manos abiertas nos exhortas al
recogimiento. Recibimos esa invitación para abrirte nuestro corazón como cada
vez que estamos ante tu Divina Presencia y, de esa forma, te narramos todo
aquello que acontece en nuestra vida.
Tu mirada inalterable nos brinda esa
tranquilidad que en estos duros momentos anhelamos. No permitas que caigamos en este sendero.
Sé nuestra luz que acompañe, por siempre, nuestro andar.
A continuación les dejamos con una
galería fotográfica para que sean testigos del Devoto Besapié que se celebró en
honor al Cristo del Soberano Poder en su Prendimiento.









