Miras con estupor todo el daño que le
causaron y aún así, Señora, tienes los brazos abiertos para recibirnos a
nosotros. Aquellos hombres y mujeres por los que Él
tuvo que morir para el perdón de nuestros pecados. Qué injusticia más grande tuvo que
albergar tu corazón.
Hoy venimos a ser tu paño de lágrimas y al igual que tantas flores os rodean y dejan toda la estancia impregnada de un suave aroma, vaticinando la llegada de la primavera, déjanos acompañarte y ser testigos de cuán grande es el amor que abarca una madre.
A través de esta galería de fotografías
ustedes también podrán acompañarla en su besamano.
Como siempre les decimos.
Disfruten.