En esta ocasión te tenemos a nuestros
pies y nos encogemos ante tu presencia. Siempre te encontramos erguido,
soportando el dolor en la cruz. Tu mirada clavada al cielo, en esta
ocasión, parece que buscas el consuelo de tu Madre que, henchida de dolor,
derrama lágrimas ante tal injusta condena.
Nosotros, como hijas e hijos tuyos,
buscamos la luz de tus ojos que nos guía por este sendero.
Tú, que tantas veces nos has escuchado.
Tú, que tantas veces nos has consolado.
Tú, que tanto diste y das por nosotros.
Mi Señor de la Misericordia, qué bonito
nombre y cuán acertado es, siempre tienes misericordia por todos aquellos que,
arrepentidos, se acercan a tu figura y elevan una oración. Hoy nos acercamos a besar tu pie con la
esperanza de que tengas piedad de nosotros y nos sigas acompañando durante
muchos años más.
Déjenos acercarles a ese íntimo besapiés que aconteció en el barrio de Santa Cruz a través de esta galería fotográfica.






